Soy maestro de educación especial. Desde hace un par de meses, trabajo en el transporte adaptado de una asociación de la ciudad. Recogemos y llevamos a niños con dificultades tanto psíquicas como físicas al colegio y a sus casas.
Hasta ahora el trabajo había sido fácil. Unos cuantos viajes recogiendo, anclando sillas o poniendo cinturones. Empecé con tres horas desde las 7 de la mañana y otras tres más por las tardes. De lunes a viernes. Ahora la cosa ha cambiado porque, a mi conductor le dio un infarto y tuvieron que cambiarme de ruta. Actualmente trabajo una hora por la mañana y dos por la tarde. De 2 a 4. Sí, perfecto para la hora de comer.
Ayer me llamó mi conductor para quedar algo antes porque nos han asignado un niño nuevo en la ruta. Sin ningún dato más, esta mañana salimos a las 8 y cuarto de la ciudad hacia una urbanización "a tomar por culo". Llegamos a la dirección y el niño, autista, está en medio de la carretera secundaria tirado en el suelo con dos monitores a cada lado intentando levantarlo. Imposible. Ambos nos bajamos, yo voy abriendo el lateral de la furgoneta y una especie de bandeja que sirve de apoyo para subir y el conductor junto con uno de los monitores, logra levantar al niño. Se sube. Le pongo el cinturón. Empieza a gritar, a darse contra la ventana golpes contra el respaldo del asiento. Obviamente me tengo que sentar detrás, por si acaso. Se quita el cinturón, se levanta con la furgoneta en marcha. Es imposible volvérselo a poner, así que intentamos que se siente. Nos da el viaje hasta que llegamos a por los dos niños siguientes. Dos gitanos. Uno muy bueno y otro un pequeño cabroncete. Éste último tampoco se está quieto y molesta al niño autista lo que complica la tarea. Va pasando el tiempo, el niño está un poco fuera de control y por fin logramos dejarlo en el colegio después de una hora de viaje sin cinturones, con migas de bocadillo, babas y mocos.

